Desde un insípido otoño, me pregunto
si lo que me regalaste un inmortalizado enero,
se puede reducir a mi banal escribir
o si solo ha sido el viento
que se ha llevado mis momentos
para escribir te amo.
Palabras no me faltan
y más que siempre me sobran los deseos,
creo que mis manos te han dicho en murmullos
lo que mi boca a callado,
y que mis versos en besos se han envuelto
como un sutil regalo.
Quizás he de ser sincera y reconocer,
que la tristeza se ha vestido mejor de musa,
mucho más que mis amaneceres contigo,
cuando nuestra cercanía es eterna,
dulce como todas las mañanas,
y no hay espacio ni para pensar en escribir,
ni en más nada.
Quizás me he extasiado de ti,
y en ti me has dejado muda, sin palabras.
Sencillamente quiero decir
que si las sonrisas no han sido mis musas,
de verás, lo siento tanto.
Pero he de preferir el mutis de unos cuantos versos,
que a un solitario, desenamorado manifiesto de llanto.