jueves, 26 de abril de 2012

Porque no

Porque no es difícil volver a estar de pié mientras estés conmigo,
y mientras sea preciso mirarnos para sentir que el mundo está de más,
no dejaré de amarte,
y porque acercarnos nunca ha dejado de ser el motivo principal,
y no he dejado de consumir tus besos al mejor precio: los míos.

lunes, 23 de abril de 2012

Hace un año.

Hace 1 año, y exactamente 10 días, mi vida cambió por completo. No quiero relatar aquí los pormenores de lo que sucedió por que la gente que me quiere ya sabe la historia, y no me gusta repetirla. Lo que sí puedo decir es que desde que salí de ese quirófano con una parte menos de mí y un tumor fuera, todo se convirtió en una segunda oportunidad para vivir la vida como si fuese un regalo, y por eso, aprovechar cada instante.
Cada abrazo de mi familia, llamada y visita de mis amigas, cada beso de mi Ivo, cada movimiento de colita de Lucas, todo, significaba una razón para sonreír. Ha pasado un año que me permitió -y obligó- a hacer una pausa. Me había convertido con 21 años en una mujer que vivía el día a día corriendo, haciendo planes, tratando de abarcar un máximo de responsabilidades. Ser eficiente era mi meta, como hija, hermana, amiga, polola.
Pero tuve que detenerme. Me pude ver al espejo por primera vez en mucho tiempo. Reconocerme entre todas mis facetas y verme sonreír, tranquila. Descubrí que el amor no es una costumbre o un deber, si no una explosión de sentimientos expresados día a día, me dieron ganas de abrazar a mi mamá, a mi hermano, de tomarle las manos a todos y decirles que los quiero, y que no se debe perder el tiempo ni un segundo en no decirlo.
Me vi envuelta en alegría, cariño y apoyo incondicional. Nunca voy a terminar de agradecer todo eso.
Me auto enamoré de mis cualidades, mis formas y mis virtudes. Tomé conciencia de mis defectos y descubrí que no son tan terribles. Me sonreí.
Y no digo que no fue difícil, y que no lloré. Lo que digo es que toda la frustración, decepción, impotencia, gritos y lágrimas se volvieron risas, abrazos, besos y nuevos comienzos.
Hoy, de vuelta en mi vida, no he dejado de correr de un lado para otro, ni imponerme responsabilidades ni planear mi vida, pero todo tiene un color nuevo, el color de siempre saber que se puede empezar de nuevo.

Gracias a mi Dios, mi vida es un milagro.