Sale el sol y mis sonrisas quiero
que envuelven tu verano de dulzura,
que te enamoren y que las busques en la oscuridad
que las provoques con caricias sin receta
en un segundo antojadizo del amor.
Y que me busques de repente un beso luminoso,
una carcajada sutil que me sacuda los huesos
y el alma me la envuelva de un tirón,
que me provoque vibrar del gastado suelo
y que me lleves al cielo por jugar.
No te olvides que mi risa
se convierte en corazones que se esfuman
en el cielo que queremos compartir,
en la acuarela de colores
que se diluyen con la briza de un abrazo,
con la delicia de un beso,
con las caricias de una noche sin mesura.
También recuerda que mi mar se hace gigante de utopías
y que mis olas furiosas rugen frente a tu proximidad.
Ten presente el recorrido
de todos mis tenues caminos
y transítalos una y otra vez,
sorprendiéndome en tus pasos como siempre
encontrando los atajos hacia mi ilusión,
trazados desde un enero tan lejano
a este enero tan preciso para amar.
Lo que no ha de cambiar es esperar
seguir de pie juntos hasta el alba,
sonriendo con los amaneceres
que primero que en el cielo, los distingo
en tu mirada todas las iluminadas mañanas.