Maldita
Maldita incierta, que te odio sin conocerte del todo. Ya me dijo la mujer que necesito los ojos del mundo en mis rasgos, en mis movimientos tenues, casi secretos, buscando ser interpretados, queridos, anhelados y necesitados por aquellos, y sobre todo por aquel. Que me frustro si no lo tengo todo, y la verdad es que no quiero nada más que a él y su atención intencionada.
Pequeña ambiciosa deja de hacerte daño, la humanidad está llena de mujeres interesantes y debes luchar por mantener el trono de los que quieres interesar. Pequeña celosa de los cariños tuyos, pequeña envidiosa de esa incertidumbre que deja su estela ahogándolo todo, matando lo bueno de ella misma, esta y no esta, agazapada solo en la percepción de los perseguidos, que mira de lejos, sin mirar siquiera, como enemiga amenazante del futuro, incertidumbre sutilmente vestida de guerra, desde una trinchera disfrazada de flores y paz. Y lo peor es que ella tan tranquila se pasea por los rincones doliendo el alma, sobre todo de la pequeña demente que no la aguanta viva, sin siquiera notar a los que entristece, porque ella es mucho para preocuparse de los simples mortales que desfallecen con su aroma dulce y angustiante. La odio sin quererlo. La odio.