
Tomando un té muy dulce junto a la ventana, buscando una luna consoladora que venga contigo y contigo vaya desde mí, trato de apagar la angustia y ahogar las penas de sentir que camino lejos, dispersa entre lo que quieres y lo que hago sin pensar que mi rumbo es tan equívoco como ir al sur de mi brújula que camina hacia el norte. Olvido que por un día de besos viene un día de senderos mal trazados por mis pies descalzos del pasado que quiero dejar de saber -absurdamente descarada-, que mi descuido me juega malas pasadas y a ti de paso te inunda y me llena de culpa salada.
Yo se que el té no te traerá a mí de nuevo y sé que no saber que estas yendo lejos cuando me alejo es un error garrafal de las penumbras. No pienso que me extrañas cuando yo te extraño a muerte en similares condiciones de soledad que espanta, de frío que cala los huesos, cuando cuestiono que me quieres porque no sabías que solo a ti era a quien necesitaba en los segundo de pena. Soy descariñada quizás, lo asumo con escalofríos de no querer serlo y mi té a cada palabra se pone más frio de tus abrazos que la soledad de tu día me trajo, quizás no sé cómo llevarte conmigo y al mundo de situaciones cotidianas a cuestas, cuando lo nuestro es lejos cotidiano y más suspiros de sueños. Me pierdo, no pienso que te haga falta cuando más lo hago. Ojalá pudiera ser una pitonisa encantada en tiempos de incertidumbre.
Los pasos cortos y confiados, en fin, parece que no lo fueran tanto. Ya supe que debo buscarte todos los días y tú a mi alma por consiguiente.
A mi pesar de tu ausencia, lo siento, al parecer mi té ya esta frío.
Yo se que el té no te traerá a mí de nuevo y sé que no saber que estas yendo lejos cuando me alejo es un error garrafal de las penumbras. No pienso que me extrañas cuando yo te extraño a muerte en similares condiciones de soledad que espanta, de frío que cala los huesos, cuando cuestiono que me quieres porque no sabías que solo a ti era a quien necesitaba en los segundo de pena. Soy descariñada quizás, lo asumo con escalofríos de no querer serlo y mi té a cada palabra se pone más frio de tus abrazos que la soledad de tu día me trajo, quizás no sé cómo llevarte conmigo y al mundo de situaciones cotidianas a cuestas, cuando lo nuestro es lejos cotidiano y más suspiros de sueños. Me pierdo, no pienso que te haga falta cuando más lo hago. Ojalá pudiera ser una pitonisa encantada en tiempos de incertidumbre.
Los pasos cortos y confiados, en fin, parece que no lo fueran tanto. Ya supe que debo buscarte todos los días y tú a mi alma por consiguiente.
A mi pesar de tu ausencia, lo siento, al parecer mi té ya esta frío.