Con el sol a la deriva
perdido tras los siete mares,
amparados casi de todos los miedos
en un viaje sin retorno a cuestas,
te busco entre las algas de mi pelo
quiero ver fijamente tu mirada,
cuando de mis caderas despliego
tus manos, y las tengo
y me sonrojo de tu cercanía fácil
avergüenzo también a las mariposas
que se quieren colar por mi ombligo
hacia los desmesurados besos de tu boca.
Entre las luces ruidosas de unas noches
y la poesía insoluta que te debo
y que me debes callada de otras tantas,
cuando en susurros esperamos
que las estrellas duren un par más de horas
traicionando lo pactado con el día,
o que el sol se demore en su descanso
para que no salga y te lleve de mí
y de mis sábanas.
Soslayando los peligros y las dudas,
las bifurcaciones que nos impone sin remedio,
con lágrimas y con fatiga,
Este camino ambiguo incierto dudoso
pleno de viernes florecidos
y domingos perdidos de lluvia
con quitasol o con paraguas
te beso y te amo.
Escondidos en medio del mar
se van las pesadillas en una botella
entre las rocas que nos abrigan del frío
y también de él
nuestros abrazos nos refugian.
Rocas con profundos ojos negros
que nos miran sigilosos tras la bruma
y hablan de nosotros muy discretas
en un pequeño silbido
que puede o no puede
ser simplemente el viento.
Nos espían en la noche
siento,
como enviadas envidiosas de la luna.
Y sus ojos se llenan de lágrimas
-que se yo si de pena o de alegría-
cuando las olas les rompen encima,
quizás lloran también de dolor
quizás la sal del mar les arde en las heridas
y solo somos nosotros allí
en medio de ellas
a un costado del mar,
creyéndonos por este amor
el centro del mundo.
perdido tras los siete mares,
amparados casi de todos los miedos
en un viaje sin retorno a cuestas,
te busco entre las algas de mi pelo
quiero ver fijamente tu mirada,
cuando de mis caderas despliego
tus manos, y las tengo
y me sonrojo de tu cercanía fácil
avergüenzo también a las mariposas
que se quieren colar por mi ombligo
hacia los desmesurados besos de tu boca.
Entre las luces ruidosas de unas noches
y la poesía insoluta que te debo
y que me debes callada de otras tantas,
cuando en susurros esperamos
que las estrellas duren un par más de horas
traicionando lo pactado con el día,
o que el sol se demore en su descanso
para que no salga y te lleve de mí
y de mis sábanas.
Soslayando los peligros y las dudas,
las bifurcaciones que nos impone sin remedio,
con lágrimas y con fatiga,
Este camino ambiguo incierto dudoso
pleno de viernes florecidos
y domingos perdidos de lluvia
con quitasol o con paraguas
te beso y te amo.
Escondidos en medio del mar
se van las pesadillas en una botella
entre las rocas que nos abrigan del frío
y también de él
nuestros abrazos nos refugian.
Rocas con profundos ojos negros
que nos miran sigilosos tras la bruma
y hablan de nosotros muy discretas
en un pequeño silbido
que puede o no puede
ser simplemente el viento.
Nos espían en la noche
siento,
como enviadas envidiosas de la luna.
Y sus ojos se llenan de lágrimas
-que se yo si de pena o de alegría-
cuando las olas les rompen encima,
quizás lloran también de dolor
quizás la sal del mar les arde en las heridas
y solo somos nosotros allí
en medio de ellas
a un costado del mar,
creyéndonos por este amor
el centro del mundo.