viernes, 16 de octubre de 2009

Teatro

Una sonrisa que no estaba en el libreto
que el dramaturgo olvidó
en el tintero de la improvisación
en el monólogo de los dos
que es solo un canto al unísono de nuestra voz.
Un escenario que no es mío
donde voy a invadir las calles ajenas
solo buscándote.
Un telón que se abre de repente
intimidando mis dotes actorales.
Tus ojos son mi único público y te espero,
solo verte me destroza los temores,
me cura las ganas de salir corriendo.
Pero me quedo en escena por ti
y te actuó los textos ya ensayados
cuando estamos juntos en las noches
entre los rincones de la luna y los besos.
Solo te sonrió de la nada
y las líneas de mi guión
salen armoniosas hacia nuestro dialogo.
Ya no importa si es o no mi escenario conocido
o si mi público es indeseable
o si el pánico escénico me consume las palabras…
porque vienes tú,
hacia mí nada más,
y me robas un beso.

Así comienza el primer acto.