Como me cambia la mano el camino, primero me muestra tus fríos olvidos y me desvivo en lágrimas negras.
Me grita tu rabia el viento, me la trae confusa y me deja sin palabras, solo desgarradores lamentos perdidos.
Luego vienes a mí y simplemente me amas, me amas y me muero. Tiemblas, susurras, me abrazas. Te mueres por mí y mis ojos oscuros, por mi boca sonriente, por mis manos suaves y mi olor que te envuelve... ¿cómo lo haces para no seguir odiándome? Te hice tanto daño y no puedo arrancarlo de mí.
¿Cómo lo hago yo, caballero, para no volver a errar en este ensangrentado camino que mis heridas han dejado manchas en cada rincón que he pisado, y yo solo quiero amarte con pasión? No me importaría morir después de una noche contigo.
No quiero temer, no quiero dañar. Tienes en tus manos el mapa hacia mí cariño. Síguelo te ruego, te lo grito, te lo impondría si pudiera. Búscame en desiertos perdidos, llévame tu agua y sacia mi dolor y mi cariño. Síguelo aunque sea difícil, aunque yo te aparte o cambie mi rumbo, te digo que te amo y ese es tu norte, no me olvides no me abandones. Síguelo aunque cuando llegues a mí solo estemos un segundo juntos y el mundo se acabe, mi vida, mi historia de amor y mi ilusión habrán tenido sentido.
“Quiero amarte como nunca lo hice, despertar en ti, dormirme en tus abrazos y no pensar que la vida se me escurre en ellos, vivirla contigo sin buscar más allá la libertad, la felicidad, el encanto y la pasión que nuestros errores nos arrebataron”.
Siempre, como si fuera el primer y el último segundo.