sábado, 8 de agosto de 2009

Hagamos un cuento



Hagamos un cuento, le dijo la niña a su reflejo para despertarlo y él, cansado, murmuro algunas palabras medio dormido y se incorporó para ayudarla. No tenía con que escribir así que le pidió al viento que guardara en su susurro las palabras para poder plasmarlas en papel cuando fuera posible. Se acomodó en el árbol que los albergaba.

Quizás que absurdo vas a inventar ahora pequeña, pensó el reflejo acompañado de una sonrisa, quizás que lágrimas voy a tener que secar cuando te despiertes, pareces ingenua, frágil y ambiciosa de nuevo me temo, dijo con su semblante oscuro.

Pero la niña solo quería soñar, vivir de sus fantasías por un minuto, mirar más allá del campo de girasoles que los rodeaban, mojar sus pies descalzos en la corriente del rio…y dejarse llevar entre las nubes de papel lila.

No escuchó las advertencias de su reflejo en el agua, no vio sus mismo ojos cuando comenzaron a llenarse de lágrimas, no comprendió su boca cuando esgrimía lamentos, no entendió jamás que era el murmullo que su corazón cantaba, constantemente, desesperadamente, tratando de hacerla callar en sus divagaciones de amor y de sueño, de que no imaginara cielos rosados, para que después no sufriera cuando se tornasen negros.

Pasaron segundos y horas, atardecía. El otoño se había llevado la primavera sin pasar por el verano. Miró a su reflejo cansado, asustado, preparado para afrontar los daños de los sueños rotos. Más allá los girasoles estaban cabizbajos y eran menos, él árbol se había tornado amarillo y los últimos rayos del sol se colaron dorados entre los dos, con sus ojos rojos de dolor y silencio. Y ella no dijo nada. Esperó la primera estrella para pedir un deseo.

¿Que esperaba? ¿Que había soñado mientras lloraba?

Su reflejo, siempre fuerte y caballero, ya no era suficiente para sanar sus lágrimas. No era más ella sola, moría sin su otra parte. No hay amor sin dolor, no hay historia no hay cuento. “Amores imposibles que escriben en canciones el trazo de una estrella” pensó tranquila, algún día dejare de esperar y caminaremos de la mano, algún día no me harás llorar para derretirte sobre mí en besos de miel, amándome en las estrellas.